Recuérdeme una tarde de febrero / José Manuel Solá

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ENCUENTRO... AL SUR

Cuando me entierren, esto quiero:
que me entierren desnudo y que puedan

sembrar un árbol sobre mí
que dé sombra y florezca
bajo la buena lluvia de los tiempos.
Ah… que siembren sonrisas y poemas,
saludos, despedidas, atardeceres, sueños
y un puñado de cosas:
una camisa vieja, mis zapatos, una carta de amor
y una flor con su beso…
y después de enterrarme, ¡ay, por favor, olvídenme!
Pero,
si alguien, que ahora no imagino,
se empeña en recordarme,
recuérdeme una tarde de febrero,
recuérdenme descalzo, enamorado
de la vida, enamorado de las cosas que hice
y las que quise hacer,
recuérdenme pensando y siendo niño;
recuérdenme una tarde de febrero…

(c) josé manuel solá  /  17 de febrero de 2014

“The Pianist” hero W. Szpilman plays Chopin Nocturne op. 20 The Pianist HD Original Recording
de profslump20078

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P*to perro inútil

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Cualquier persona reconocería como correcto ayudar a un animal desamparado- fuera de discusiones anexas sobre su espiritualidad- casi por estar en auge todo el tema de la ecología y muy de moda ser animalista y compartir perritos en Facebook o Twitter y tener uno que otro animal recogido en la casa (Tip: mientras más feo, mejor… es más compasivo) para contar en la comida de la noche que “yo también recogí a la Cholita…” . Total, después se puede abrir la puerta para que salga (“es que le gusta pasear”), regalarsela a un amigo con campo o eutanasiarla (“estaba muy viejita ya… sufrió mucho en la calle”). Está de moda, está IN, #Todossomosanimalistas. Cualquier persona, o la mayoría de la gente, tendría pocos argumentos racionales para impedir que alguien ayude a un perro callejero, sin rayar en la crueldad y la falta de ética (no importa si piensan a no, está comprobado que sufren).
Ahora, el punto está en “la medida de la bondad”. Es decir, lo ideal- aparentemente- es ser bueno, mientras eso no comprometa demasiado esfuerzo, tiempo o dinero. Dígase de otro modo, hacer lo que se supone que haría cualquiera con una moderna vida ajetreada, para estar IN, y si pone un poquito más que el resto, sentirse bien consigo mismo.
Porque ayudar a un animal callejero, además de ser muy moderno, puede llegar a ser considerado un elemento atractivo (“Es una buena persona, rescata perritos”) a la hora de conseguir pareja, amigos e incluso trabajo. Ayudar a un animal callejero puede ser sinónimo de un alma pura y ayudará a dormir más tranquilo por las noches… o eso creen.
Después de recoger un par de perros y llevarlo a clínicas, gastando tiempo (pero recibiendo mucha buena onda a cambio)- pero pidiendo dinero para poder realizar esta labor- puede autodenominarse animalista y eso le dará el derecho y la potestad para decidir qué casos tomar y cuáles no merecen su cuidado.
Esto es, si ve un perro en la calle con las patas quebradas y le parece (en su somero conocimiento) que será muy difícil su rehabilitación y que (esto es casi un hecho) nadie lo va a querer porque está IN tener perros recogidos, pero no si son demasiado trabajo, tiene TODO EL DERECHO SUPREMO Y DIVINO de darle una muerte digna , aprovechando su indefensión y sin importar que el hecho de que el perro esté vivo es muestra de que quiere vivir (porque se le olvida en su omnipotencia que los animales son, muchas veces, más sabios que las personas con sus cuerpos). Si le parece muy complicado, mátelo. Usted será más sensible, compasivo y amante de los animales que todos, porque se preocupó, lo vio en la carretera (en la mala suerte del animal) y decidió por todo el mundo, por Dios (cualquiera que sea el suyo) y por el mismo ser que luchaba por su supervivencia, que no había nada que hacer.
Cualquier persona reconocería que es justo y necesario ayudar a un perro callejero… en la medida de lo posible, antes de que cruce la delgada línea en que se convierte en un puto perro inútil que no merece ni la vida por la estaba peleando.

Noventas

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Nací en los 90’s, a principios de los 90, por lo que formo parte de esa generación perdida que, aparentemente, no disfrutó de lo que sí las generaciones de los 80. A decir verdad, mi generación disfrutó poco y nada de la cultura noventera antes de que fueran reemplazadas por… vómito gráfico; dibujos a los que tuvieron que bajarles la calidad de los dibujos para que vendieran más. Porque lo complejo es malo. Lo complejo no vende. Y que tampoco tuvo los recursos de los niños del siglo XXI que nacieron con el Iphone en la mano.

Mi generación, esos que hoy deben tener entre 19 y 22 años, ha sido una generación que le ha tocado ver los cambios en primera fila, en pleno transcurso entre la niñez y la adolescencia: ver a esos niños que se dejaron abducir por una extraña (y no propia) necesidad de no ser niños y empezaron a ser grandes muy pronto, que empezaron a perder el pudor y a quitarle importancia a todo. Niños que nacieron sin tabús. Y ya no solo el tabú cliché de la pareja homosexual, sino que tabús más elementales como que a la mamá no se le contesta con groserías o que el cuerpo es algo privado. Ahora las niñas compiten por cuál es más flaca a los 10 años… y eso es patético.

Patético porque se pierde la inocencia de la infancia; se vende a la sociedad la tranquilidad de ser niño, porque se convirtieron en una generación incausada e ignorantemente rebelde, instruidos a punta de imágenes. La propaganda lo repite y luego, se admite, se asume, se cree y se compra.  Una generación violenta, vulgar e ignorante. La generación perfecta para la manipulación.  Y eso es políticamente correcto porque el mundo necesita peones. Un peón trabaja sin cuestionar, con la cabeza gacha y pelea cuando se le ordena. Un peón trabaja mejor cuando no sabe que es peón.

Una sociedad vulgar, ignorante y violenta leerá la palabra peón y entenderá que esa calidad se debe a su estatus económico; que una persona puede ser manipulada porque no tiene dinero y que la lucha de los pueblos debe ir por lograr mejores condiciones económicas, una repartición igualitaria de los recursos para todos. Pero eso es otro invento- tristemente mucho más antiguo que mi generación- que permite el manejo fácil de la cultura de masas. Es la bandera de lucha a los niños desde los 15 para que persigan un ideal y sean útiles.  Darles una bandera para que peleen por ser peones.

Ser peón es pelear contra un sistema al que se quiere pertenecer y seguir como cordero lo que los otros dicen, es pertenecer a una ideología- que está de moda, que parece más justa, que se ignora. Ser peón es pensar que con más dinero la vida se soluciona y no intentar estudiar o que el estudio sea una herramienta para conseguir dinero. Ser peón es dejar que lo que se desconoce sea el arma con que apuntalan la espalda. Tristemente, para una sociedad ignorante y violenta, ser peón es no ser violento. Aunque ¡ojo! ser violento no es el opuesto a ser pasivo- una persona pasiva también es un peón- sino a ser pacífico.

La palabra democracia es una mierda simple y solitaria palabra. Es el placebo para el pueblo. La voluntad de la mayoría no necesariamente es justa y una decisión democrática no tiene por qué ser representativa, más allá de vinculante (si es que el elegido por “todos” es lo suficientemente consecuente). La democracia es también una gran pantalla para la manipulación.

Nací en una generación que le tocó ver de frente cómo la decadencia fue afectando a sus sucesores, a la que se le fue volviendo más evidente a dónde iba a todo cuando los niños salieron a la calle a marchar sin saber por qué. Porque no, amigos idealistas, si son pocos los niños que tienen autorrespeto, muchos menos son los que saben qué significa luchar por un derecho. Un niño no lucha por justicia, sino por instinto (y los instintos se equivocan).

Nací en una generación que ha fomentado la violencia de las generaciones venideras por la fe ciega de que saben más, olvidando que son niños, y exigiendo a los anteriores que peleen  una pelea que ya no le corresponde. Soy de la generación que se le ha olvidado que la violencia sólo produce más violencia… y que la educación, no la que da el Estado o la que se enseña en los colegios, es la única forma de resistencia. La generación que se le olvidó que mientras sigamos comprando a la propaganda, seguirá siendo efectiva y querrán vender más.

Nací en los 90’s, a principios de los 90, por lo que formo parte de esa generación perdida que alcanzó a conocer la cultura de los 80, tiene el título de la cultura de los 90, aprendió a adaptarse al siglo XXI, ha presenciado las transformaciones con el ímpetu de la juventud a flor de piel.. y ha hecho lo mismo que todos los demás: seguir la corriente.

Gordas

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Es difícil crecer en un mundo en que te discriminen por ser gordo (y ni siquiera obesidad mórbida, sino simplemente serobeso). Como que se te acerque una persona, ofreciéndote productos para bajar de peso, y te diga “Siempre habías sido rellenita, pero es que ahora…” y tú con cara de ” ? ” porque ¿qué le contestas? si es verdad que subiste varios kilos en los últimos años… ¿Y qué importa si no habías subido nada, si tu peso no es 5 o 10 kilos menos que tu estatura?
Es difícil vivir toda la infancia pensando que tu pareja te va a ser infiel cuando seas adulto por ser gorda, si es que logras encontrar pareja- porque los hombres son superficiales y las gordas son feas-, y si aún más, encuentras un hombre al que no le importe tu físico (porque si fueras flaca, no habría espacio a ese comentario; pero como estás gorda es “que no le importa que seas gorda”,”te quiere igual”, es “que le importa más quién eres por dentro” o “él te ve linda”), si encuentras ese extraño espécimen debes estar pendiente de que no se vaya con otra, cuando envejezcas, o que no le de vergüenza presentarte a sus amigos (porque en el fondo, sí le debe importar que su novia sea gorda… porque ser gordo es malo). Aún peor, si logras sobrevivir una adolescencia de desengaños, dándote cuenta que a nadie le interesa lo buena persona, lo inteligente o cualquier virtud que puedas tener, mientras no seas linda (sinónimo de delgada) y sintiendo infinidad de rechazos, no solo amoroso- porque si tienes un sobrepeso importante y eres un gran persona, eres la mejor amiga… que les ayuda a estar con la mujer-delgada que sí les gusta y que “pueden mostrar”- sino también en la amistad… porque las gordas no se juntan con todo el mundo (¿A qué fiesta vas si no te sacarán a bailar?) llegarás a una edad adulta temprana en que hay que lidiar con que, si tu físico no es el que todos quisieran, deberás conformarte con un montón de méritos académicos que puedan llegar QUIZÁS a darte un cierto renombre social (el que no conseguirás nunca de otra manera, aparte de ser “la gordita simpática”… o “lagorditaperra”). 
A fin de cuentas, quizás lo más doloroso son los consejos: “Si igual eres linda, amiga”; “Algún día encontrás una persona que te vea hermosa y…”; “No todo es físico”; “Si te quiere sólo por tu físico, entonces no vale la pena…”. porque no son precisamente lo que uno espera oír… es como decir “Eres fea, pero igual alguien podría llegar a quererte” o “A nadie le falta Dios”. Migajas de cariño desmenuzadas y tiradas con suavidad.
Es patético vivir toda la vida en dietas, contando calorías, evitando comer lo que uno quiere comer a la hora que tiene hambre y con un montón de ansiedad acumulada.  Es patético no poder encontrar un traje de baño decente porque, según toda la cultura popular, usar un traje de baño entero es… lo más triste que te puede pasar en la vida, después de la muerte de un ser querido, y NO EXISTEN trajes de una pieza decentes en las grandes tiendas para mujeres jóvenes.
Es patético tener que obligarte a querer ser de una manera cuando el espejo te dice que no estás tan mal… bueno, una parte del espejo. Otra parte grita muy fuerte que te ves pésimo con cualquier ropa y que esa ropa que siempre has soñado usar es una utopía bien lejana- más inalcanzable que lo que la palabra utopía misma significa. Y querer vomitar lo que sea que hayas comido… o cortarte o no comer. Odiar la comida y desearla con demasiadas ganas. Es asqueroso. Y no vomitar, no cortarte y comer porque… en el fondo te quieres y no quieres hacerte daño a ti misma.
Es difícil vivir tu propia vida a través de los ojos de otros y pensar que la gente no te mira porque estás gorda o te mira porque estás gorda- no hay otros motivos. No porque realmente te moleste estar gorda, sino porque el mundo te dio a entender que estás gorda y que es un asco ser así; que no te moleste ser gorda porque es poco saludable, sino que te moleste porque a todos les molestan tus kilos.
Es terrible cuando tu amiga, con evidentes varios kilos por debajo tuyo (y a veces por debajo de su propio “peso ideal”) dice que está gorda… y no saber si lo dice porque necesita que le reafirmen su delgadez o porque realmente piensa que está gorda, lo que te convertiría automáticamente en una copia de Majin Boo con poca gracia.
Es difícil crecer, vivir y ser adoctrinado en un mundo donde te dicen que estar gordo es malo porque es FEO, REPULSIVO, ASQUEROSO, porque te enseñan que estar gordo es ser indigno de amor real, de admiración, de una mirada insinuadora en la calle… porque todas las actrices principales en la películas son flacas y las gordas o son papeles secundarios o son ridículas y tienen vidas tontas, ideas tontas, parejas poco deseables (lo que le sobró a la flaca) con ideas igual de tontas. ¿La excepción? Drop Dead Diva (de Sony), pero WAIT! Drop Dead Diva.. es una flaca que encarnó en una gorda y tiene la inteligencia de la gorda y personalidad de flaca- lo que hace que su ex vuelva a amarla en otro cuerpo… recordándola.. flaca…
Sí, es pésimo- la peor opción, porque aparte de ser una enfermedad y un problema, es una opción de vida- ser gordo y no que no sólo que te discriminen, sino discriminarte tú mismo.. pero no porque ser gordo sea estéticamente malo en sí, sino porque así te lo enseñan y debes tragártelo y ojalá te haga un tapón en la garganta y te duela tragar para que sea exitosa la próxima dieta.